Aunque el sexo y la sexualidad forman parte de la vida misma y a través de él creamos vida y prolongamos la especie, ha sido, y aún es, un tema tabú para muchas personas. Hablar de sexo y sexualidad debiera ser tan natural como platicar de la digestión o de la respiración, al fin y al cabo, todas ellas son funciones biológicas ejercidas por órganos propios del ser humano.
En primer lugar, queremos aclarar que todos y todas somos seres sexuales por naturaleza, “el sexo nace y muere con nosotros”. Cuando decimos “voy a hacer el sexo”, cometemos un error garrafal, ya que el sexo ya está hecho. Lo correcto sería decir “voy a practicar la sexualidad o el acto sexual”.
Los órganos genitales externos masculinos se diferencian aproximadamente a las diez semanas de la gestación y los femeninos se manifiestan a los cinco meses de vida intrauterina; pero los órganos genitales internos comienzan a desarrollarse desde las primeras semanas del embarazo; por lo tanto, al nacer, ya tenemos un sexo bien definido, aunque nuestro aparato reproductor aún no esté maduro.
Al promediar los 12 años de vida, se entra en la adolescencia cuya primera fase es la pubertad. En esta etapa las hormonas comienzan a activar nuestro aparato reproductor. Tanto el varón como la mujer experimentan notables variaciones en su cuerpo como la aparición de vello en la zona púbica y en las axilas. Los muchachos desarrollan su musculatura y ostentan incipientes bigotes y barba, mientras que sus testículos comienzan a producir los espermatozoides. En las niñas, en cambio, se afina la cintura, se ensanchan las caderas, aflora el busto e inicia el descenso del flujo menstrual.
Esa metamorfosis física que ocurre durante la adolescencia y que ya describiéramos someramente, va acompañada de profundos cambios psicológicos.
La búsqueda de la identidad es uno de ellos. En esta etapa de la vida las interrogantes más comunes son: ¿quién soy? ¿ dónde estoy? ¿adónde voy?
Dichas incertidumbres llenan de temor, ansiedad e inseguridad a los adolescentes. Estos sentimientos aunados a las mutaciones físicas, les hacen entran en crisis más o menos severas y que la mayoría de los adultos no logramos comprender.
Claro que los adolescentes, tampoco entienden lo que les está pasando. Sentimientos encontrados, sensaciones nuevas, estados de ánimo que varían de un momento a otro; algunos se aíslan, se vuelven taciturnos e introvertidos; otros, los más, se tornan rebeldes e incontrolables, al decir de sus mayores.
Simultáneamente, surge una imperiosa necesidad de aceptación. El adolescente, cuya personalidad aún está en proceso, busca modelos a imitar con el fin de obtener un lugar, con cierto rango de importancia, en el grupo en que está inmerso.
A estas alturas, los padres quedan relegados a un segundo plano. Son los malos de la película, son los que no saben nada ni entienden nada; sea porque pertenecen a otra generación, sea porque son los que ponen las reglas. El caso es que el adolescente confía más en amigos, compañeros o extraños que en sus propios padres.
Sucede, entonces, que en el momento de las confidencias los jóvenes buscan a cualquiera antes que a sus progenitores. Pero ¿dónde se origina esta situación? La mayoría de las veces, se genera en la falta de comunicación entre padres e hijos.
Dicha falta de comunicación hace que el adolescente se sienta inseguro de la reacción de sus padres al contarle, por ejemplo que ha tenido erecciones o eyaculaciones nocturnas, tan normales a su edad.
Lamentablemente, aquellos a quienes recurren los adolescentes, son tan jóvenes e inexpertos como ellos y por lo general les ofrecen una asesoría errónea, fruto del desconocimiento, de un conocimiento fraccionado y alejado de la realidad o de distorciones de la misma.
Sin embargo, es probable que los padres tampoco sean los idóneos para brindar la información correcta, ya que tener una vida sexual activa no nos hace conocedores de la verdadera sexualidad.
Por ejemplo: ¿cuáles experiencias podrían aportar un padre promiscuo o una madre sexualmente insatisfecha?
Actualmente, no hay excusas para no tener una sexualidad plena y saludable. Existen profesionales que nos pueden asesorar al respecto, libros que nos pueden brindar información seria y el servicio de internet que esta al alcance de muchos padres de familia.
Dejemos de lado los tabúes que han acompañado a tantas generaciones. Ayudemos a nuestros hijos a entrar en la etapa de la sexualidad en forma saludable y responsable, vivamos nosotros mismos una vida sexual activa y satisfactoria con nuestra pareja...
Recordemos que el sexo nace y muere con nosotros; que aunque placentero, encierra una serie de peligros que amenazan tanto a adultos como a adolescentes...
¡Busquemos información seria y comuniquémosla y discutámosla con nuestros hijos!
Cuando abordamos el tema de las características del ser humano en el rincón de “Calidad de Vida”, expresamos que una de dichas características es la capacidad de amar y ser amado. Asimismo, definíamos al amor como una mutua comunicación de bienes y bienestares .
Si trasladamos este concepto a la sexualidad, debemos entender, sin lugar a dudas, que en una relación sexual ambos miembros de la pareja debe sentir satisfacción plena, tanto en el aspecto físico como psicológico y emocional.
La relación sexual ideal debe entenderse como la culminación o el broche de oro de una relación afectiva, donde se involucran el amor, la entrega y el placer.
Debemos tener en cuenta que la necesidad sexual tiene dos vertientes en la pirámide de Maslow. Si la vemos como función reproductiva para prolongar la especie humana, debemos ubicarla en las necesidades biológicas, o sea, en la base de la pirámide.
En cambio, si la consideramos como la práctica de la sexualidad per se, debemos ubicarla entre las necesidades sociales; porque en este aspecto, el sexo no es una necesidad para la subsistencia; es decir, que “nadie se muere por no practicar el sexo” .
A pesar de lo expresado, hay que aceptar que una existencia con salud integral, debe contar entre sus componentes con una sexualidad plena y satisfactoria. Infinidad de estudios realizados por universidades de Europa y USA, le atribuyen a las relaciones sexuales, una gran cantidad de beneficios para el organismo. Activa la circulación sanguínea y linfática; favorece el sistema nervioso; así como el digestivo, el respiratorio, el endocrino; retarda el envejecimiento y como si esto fuera poco, ayuda a mantenerse en línea y propicia la salud mental.
Lamentablemente, aún en nuestro tiempo, son pocas las personas que tienen una vida sexual activa al tiempo que satisfactoria. Generalmente esto sucede por ignorancia de la naturaleza humana. La atracción o deseo sexual, científicamente llamada “la libido”, en el hombre y en la mujer, es diferente.
En el hombre, por ejemplo, funcionan bien los estímulos visuales (desnudos, fotos, vídeos, películas); en cambio las mujeres necesitan otro tipo de estímulos como palabras cariñosas (auditivos), caricias sutiles (táctiles), etc...
Otra diferencia de la excitación entre hombres y mujeres es el tiempo. La mujer demora más en alcanzar la excitación óptima para tener una relación sexual satisfactoria.
Ese punto óptimo conlleva no sólo el deseo hacia la pareja, sino que logra la producción de suficientes secreciones para lubricar adecuadamente la vagina.
Cuando la pareja no espera que la mujer logre ese punto y se produce la penetración, la falta de lubricación femenina hace que el coito se dificulte y pueda ser doloroso para ella; quien, además de no alcanzar el orgasmo, siente esa relación nada satisfactoria.
Si esto se repite, la mujer llega a no desear las relaciones sexuales y hasta a detestarlas, entonces se dice que ella es “frígida”, lo que genera una enorme brecha en la relación de pareja y un serio complejo en la mujer.
Por eso es sumamente importante que tanto hombres como mujeres conozcan la naturaleza de su pareja, para manejar la sexualidad en forma adecuada y de acuerdo a las necesidades de cada uno.
Actualizado
el 31 de enero de 2007
En la
actualidad, el sexo y la sexualidad son temas que están prácticamente al
alcance de todas las personas; ya sea a través de la literatura existente
sobre el tema, ya por la información que se brinda desde el servicio de
internet, o consultando profesionales en la materia.
Sin
embargo, muchos (hombres y mujeres) no investigan porque creen saberlo
todo en relación con el tema; otros, aún se encuentran amarrados a un
viejo tabú y prefieren no investigar, y algotros piensan que ya se les
pasó el momento y que esas cosas no son para ellos.
Queremos
insistir que el sexo y la sexualidad son cosas de todos y todas, que
siempre hay algo nuevo que aprender y que no existe una edad límite, ya
que el sexo nace y muere con nosotros.
En
esta oportunidad queremos abordar el tema de los embarazos en la
adolescencia. Las cifras estadísticas nos abruman y nos preocupan
francamente. Cada año es mayor la cantidad de jóvenes que se embarazan
precozmente y cada vez tienen menos edad.
En
un lapso de 5 años la edad de las niñas embarazadas que oscilaba entre
15 y 17 años ha decrecido y ahora el promedio va de los 11 a los 14 años;
en resumen son niñas criando niños.
Son
muchos los factores que inciden en la generación de este fenómeno.
No se trata de buscar culpables, sino de crear conciencia en todas
las personas involucradas en esta problemática.
Para
empezar, analicemos algunas de estas causales. La primera, como es lógico
pensar, la constituye un inicio cada vez más precoz de las relaciones
sexuales.
Dicha
causa se subdivide en varios factores:
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Factores
biológicos:
según los estudios realizados existe una relación directa entre la
edad de maduración sexual y el comienzo de las relaciones sexuales.
Asimismo, se ha determinado que la menarquía (primera menstruación),
se produce a edades cada vez más tempranas.
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Factores
familiares: El modelo familiar se transmite de padres a hijos.
Está comprobado que en hijas de madres adolescentes se duplica la
posibilidad de relaciones sexuales prematuras y un embarazo a edades
tempranas.
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Otro
factor determinante es la comunicación entre padres e hijos. En
USA, un estudio realizado
entre jóvenes hispanas concluyó que la adecuada comunicación
madre-hija, aleja la posibilidad de un inicio precoz de la vida
sexual y por ende de un eventual embarazo en las adolescentes.
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Una
familia monoparental (cuando existe sólo uno de los progenitores),
un hogar desintegrado, la convivencia y mala relación con la nueva
pareja de la madre o el padre, se pueden considerar también entre
los factores.
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Factores
del medio:
El medio en que se desenvuelven los jóvenes es determinante para el
inicio temprano de las relaciones sexuales y los embarazos. Las
malas o bajas condiciones socioeconómicas, la ignorancia y la
pobreza constituyen causales muy importantes. En menor grado podemos
considerar el consumo de alcohol y
drogas.
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Un
alto porcentaje de las adolescentes embarazadas
ha desertado de la escuela en la mitad de la enseñanza
primaria o nunca accedió a ella. El entorno tampoco le ofrece la
información adecuada y, menos aún, el buen ejemplo necesario.
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Muchas
jóvenes, impulsadas por la miseria y/o la violencia intrafamiliar,
huyen del hogar hacia la calle y en el mejor de los casos se
refugian en los brazos de un novio, que la mayoría de las
veces es igualmente joven, inmaduro, ignorante y sin recursos.
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Otro
factor influyente es la ingestión de alcohol o drogas. Se ha
comprobado que en muchos casos, las adolescentes tienen su primera
relación sexual bajo el influjo de algún adictivo; situación que
suele darse en estratos socioeconómicos más altos.
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Falta
de educación sexual:
La falta de una adecuada educación e información sexual explica,
la mayoría de las veces, el inicio precoz de la vida sexual y la
alta incidencia de gestación en adolescentes.
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Como
vimos, esta responsabilidad educativa recae, en primera instancia, en los
padres de familia. Sin embargo, con mucha frecuencia, suelen delegar dicha
responsabilidad en terceras personas haciendo dejación de su derecho y su
deber de educar y formar a sus hijos en materia de sexo y sexualidad.
Así
las cosas, según datos obtenidos, el 51% de las jóvenes obtiene
información a través de revistas femeninas y del corazón; el 49% la
consigue con sus amigas; mientras el 15% se “entera” por sus padres y
sólo el 3% se informa con médicos o personal sanitario. Cabe señalar
que el personal docente del sistema educativo, salvo raras excepciones, no
figura entre las fuentes de información de los jóvenes, cosa que debería
poner a reflexionar a las autoridades competentes.
Tengamos
en cuenta que los ingredientes de la responsabilidad son: la información
y la libertad de acción. Reconozcamos que es imposible tapar el
sol con un dedo, el sexo existe, las hormonas están ahí y la atracción
es prácticamente inevitable.
¿Entonces,
qué podemos hacer?
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Eso lo dejamos para la próxima, hasta entonces...
Datos
obtenidos de un documento técnico del BANCO MUNDIAL.
Hasta la próxima...
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